Asesoría legal para negocios digitales y tecnológicos

El futuro llegó con prisa, y en el sprint por lanzar productos, pivotar modelos y levantar rondas, a veces la legalidad queda aparcada “para cuando haya tiempo”, ese unicornio urbano que nadie ha visto jamás. Quien dirige una startup o un e-commerce en la costa atlántica sabe que producir código no es lo mismo que construir confianza. Y en esto, si buscas a un abogado tecnológico Coruña, no estás buscando un freno a la innovación, sino un copiloto que te marque la trazada para no derrapar en la primera curva regulatoria.

Uno de los mitos más extendidos es que el cumplimiento normativo es un peaje caro y aburrido que solo sirve para cajas polvorientas y sellos. La realidad se parece más a un buen tablero de control: te dice qué puedes hacer, cómo y hasta dónde, para que tu crecimiento no se desplome al primer requerimiento de la AEPD o de Consumo. Hablamos de reglas que afectan al núcleo del negocio: tratamiento de datos personales conforme al RGPD y la LOPDGDD, transparencia en la recogida de cookies sin diseñar oscuros laberintos que le hagan al usuario sudar el consentimiento, avisos legales que describan lo que realmente haces y no lo que te gustaría estar haciendo, términos y condiciones que encajen con tu funnel y no lo revienten a mitad del checkout, y una política de privacidad que no parezca escrita por un androide de 1998. El derecho digital se ha sofisticado, pero también lo han hecho los usuarios y las autoridades; improvisar ya no cuela.

Cuando tu producto es software, tu contrato es parte del producto. Las condiciones de un SaaS, los acuerdos de nivel de servicio con métricas de disponibilidad sensatas, las limitaciones de responsabilidad que sobreviven a la lupa de un juez, y las cláusulas de seguridad que piden los clientes enterprise no son un adorno; son el puente que te permite pasar de la promesa al ingreso recurrente. Si vendes a empresas, necesitarás due diligence de seguridad, anexos de tratamiento de datos como encargado y una cadena de subencargados transparente. Si vendes a consumidores, prepara una orfebrería de información precontractual, garantías, desistimiento y atención posventa que inspire confianza sin arruinar tu margen. El contrato bueno es el que firma rápido sin hipotecar tu futuro.

Respecto a la propiedad intelectual, conviene desmontar otra falacia: el código no se “posee” por el mero hecho de haberlo pagado. La titularidad se documenta, y si trabajas con freelancers, aceleradoras o agencias, las cesiones y licencias deben quedar atadas y bien atadas. Lo mismo con marcas, diseños y secretos empresariales; registrar a tiempo es más barato que litigar tarde. Y ojo con el open source: usar librerías libres no significa que todo valga. La compatibilidad de licencias, las obligaciones de atribución y la gestión de mezclas GPL con núcleos propietarios pueden ser un sudoku si llegas con prisa al due diligence de un inversor. El mejor momento para ordenar eso fue ayer; el segundo mejor, hoy.

La ola de la inteligencia artificial añade espuma a la ecuación. Modelos que aprenden de datos, decisiones automatizadas, perfiles, chatbots que prometen ser simpáticos hasta que dicen algo indebido: aquí el marco europeo se endurece con nuevas exigencias de transparencia, evaluación de riesgos y gobernanza. Elegir bases jurídicas robustas para entrenamientos, documentar datasets, explicar de forma honesta cómo funciona tu sistema y calibrar las expectativas del usuario no es postureo regulatorio, es gestión del riesgo reputacional. Y si haces scraping de webs ajenas o alimentas modelos con contenidos protegidos, hay que medir bien los límites de la excepción de minería de textos y datos, los términos de uso de las fuentes y los derechos de imagen o autor que podrían quedar en el camino.

La internacionalización no empieza cuando vendes fuera; empieza cuando te leen fuera. Banners de cookies que cambian según jurisdicción, cláusulas contractuales tipo para transferencias internacionales, elección de foro y ley aplicable, y políticas que resisten tanto a clientes de Vigo como de Viena. El mercado único digital suena a autopista sin peajes, pero la señalización es exigente: desde la información al consumidor hasta las reglas de geobloqueo, pasando por la trazabilidad de reseñas y la prohibición de patrones oscuros en interfaces. Si tu carrito es más escurridizo que una ola de Orzán, perderás ventas y, quizá, algo más.

También está el factor humano, que suele ser el más creativo. Equipos remotos, contratos con talento internacional, acuerdos de confidencialidad que de verdad protejan sin asfixiar, cláusulas de no competencia diseñadas con bisturí y planes de incentivos que no te exploten la cap table. En España, los planes de stock options están viviendo una segunda juventud con mejoras fiscales, pero hay que implementarlos con técnica, porque lo que resuelve la motivación hoy puede convertirse en litigio mañana si las definiciones de good leaver y bad leaver son poesía abstracta.

Cuando llega la ronda, todo lo anterior pasa de “nice to have” a “condición suspensiva”. Pactos de socios con vesting claro, anti-dilución comprensible, derechos de arrastre y acompañamiento equilibrados, y un data room que no huela a parche. Los inversores huyen de las sorpresas; si tu casa legal está ordenada, negocias desde la confianza. Si no, negocias desde la prisa, y la prisa firma mal.

La ciberseguridad no es sólo tecnología; es una promesa jurídica. Planes de respuesta a incidentes con responsabilidades definidas, registro de brechas que puedas enseñar sin sonrojo, y notificaciones a tiempo, porque esas setenta y dos horas del RGPD laten rápido cuando se mezcla sueño con logs. Si trabajas con sector público o infraestructuras, asoman estándares como ISO 27001 o el Esquema Nacional de Seguridad, y la nueva ola de obligaciones europeas de resiliencia operativa promete marejada. Todo eso se puede anticipar con políticas vivas y auditorías que no sean teatro, sino aprendizaje accionable.

Coruña tiene su propia cadencia: el pulso de la Plaza de Lugo, la brisa de Riazor y la convicción de que se puede construir tecnología global desde una mesa con café y lluvia de fondo. Entender el tejido local, los ritmos de la administración, los programas de apoyo y las peculiaridades de clientes gallegos y europeos ayuda a traducir la norma en decisiones aterrizadas. Un profesional que conozca el terreno y el mercado tech no te hablará en latín, sino en métricas y roadmaps, alineando riesgos legales con tu hoja de ruta de producto y ventas.

A la hora de la verdad, la diferencia entre dormir tranquilo y mirar el móvil a las tres de la madrugada no está solo en la calidad del servidor, sino en la calidad de tu blindaje jurídico. No se trata de poner puertas al campo, sino de trazar senderos que no caigan por un acantilado. Si lo que construyes necesita confianza para escalar, esa confianza también se diseña; y, como el buen software, se itera con criterio y se mantiene con cariño. Si estás en fase idea, en tracción o en expansión y quieres ganar velocidad sin perder el control, contar con un enfoque legal pragmático, cercano y orientado a negocio es la diferencia entre surfear la ola o empaparte por sorpresa.